Qué bello es vivir

Te marchaste. Sin un beso, una flor, una caricia o un adiós. Lo más doloroso fue que el adiós definitivo no lo pronunciaras tú, recibir de golpe y de frente una despedida innegociable. Y ahora las penas pesan demasiado en este corazón, pero estoy segura de que el equipaje que dejaste al partir me ayudará a afrontar cualquier viaje.

Te marchaste, aunque en el fondo sé que nunca lo harás del todo. Porque no puedo ni quiero separar tus pasos de las huellas de mi vida. Eres sin duda la marca más bella, la imagen en la que todos deberían pensar cuando piensan en la alegría, el monumento principal que nadie podría perderse cuando pasee por las ruinas caóticas de mi alma. El único que se mantiene en pie por mucho que pase el tiempo.

Te marchaste, pero te quedaste dentro de mí, muy hondo, en las entrañas. Y ahora no sé hablar sobre mí sin nombrarte.

Cuando te marchaste, todo cambió. Sandy, Katrina, Wilma… todos se negaron a volver a soplar porque sabían que no podrían igualar jamás tu fuerza, que nada sería tan devastador como tu partida. El universo perdió un gran porcentaje de su belleza, pues fue de pronto consciente de que, por muchos continentes que pueda llegar a haber, nunca abarcarán el enorme contenido que dejaste. Las gaviotas de esta isla emigraron al no poder anidar tras tu frente, los alisios huyeron al ver que ya no podían refrescarte, los mares de nubes crearon un oleaje tan potente que casi engullen al Teide.

Desde entonces, la poesía quedó irremediablemente un poco más vacía.

Desde entonces, a la literatura le falta altura.

Desde entonces, los tonos más hermosos de la paleta cromática andan suicidándose en su inútil lucha por imitar levemente el color felicidad de tu mirada.

Te llevaste recuerdos que nadie podrá llevarse.

Mi infancia. Las veces que fui a leer cuentos a tu clase cuando era una pequeñaja de cinco años. Los abrazos que abrasaron todas mis oscuridades. Las palabras que acabaron con mis inseguridades. Los libros que me recomendabas. Tu voz dulce y acompasada llenando de alegría las tardes de otoño. Tu energía contagiosa que colmaba de sueños las cabecitas de los que tuvimos la suerte de escucharte.

Mi adolescencia. Todos los momentos duros en los que supe que era imposible naufragar si andabas cerca, que si mis alas se quebraban tú harías que me crecieran otras, que tras la caída más fuerte estaría ahí para darme la mano y ayudarme a levantar. Las veces en las que hacías que leyera mis redacciones ante los demás y me mirabas con cara de orgullo. Aquella mañana en la que me dijiste que algún día llegaría a ser escritora y yo me lo creí. Los días en los que no te importaba que llegara media hora tarde a tus explicaciones por estar buceando entre los escritores de nuestra maravillosa biblioteca. La pasión que ponías al hablar, al leer, al darnos consejos, al reír. La pasión que teñía todos tus actos. La letra espigada de aquella postal que me regalaste, esas palabras que hacen que se me salten las lágrimas y se me pongan los pelos de punta cada vez que las leo. El cariño con el que decías que leyéramos, que viajáramos, que viviéramos. El amor que invadía tu garganta al hablar de Roald Dahl y sus cuentos.

Podría seguir escribiendo y describiendo recuerdos sobre tu persona, pero sé que hay cosas que nunca se podrán contar. Que, aunque inunde de tinta millones de folios, no te harán justicia. Que solo quien haya tenido la inmensa fortuna de que sus pasos se hayan entrecruzado con los tuyos en este camino sabrá de lo que hablo.

Todavía mi mente me juega malas pasadas, ¿sabes? Sigo pasando a las once por el Venezia esperando encontrarte, te busco en cada calle de la ciudad, veo un coche como el tuyo y mi instinto me lleva a saludar, camino delante de tu casa sin resignarme a aceptar que no habitarás de nuevo esas paredes, regreso al colegio en el que tanto vivimos deseando que aparezcas tras las estanterías…

Y es que me da tanta rabia pensar que este planeta se ha quedado sin tu fascinante personalidad, me da tanta pena imaginar lo que aún podrías haber dado y recibido… Las palabras que podrías haber escrito, los países que podrías haber visitado, las personas que podrías haber conocido, las historias que podrías haber escuchado, las canciones que podrías haber escuchado, los besos y abrazos que podrías haber dado, las vidas que podrías haber cambiado…

Pero de nada sirven los «podrías» y los «habrías». Aprendí de ti que hay que desterrar los condicionales de nuestras vidas y conjugar nuestros momentos, siempre, en presente de indicativo.

Tenías alma de estrella, porque siempre supiste hallar la manera de iluminar la oscuridad. De comenta, porque eras un hallazgo tan poco frecuente que, cuando pasabas, todos nos quedábamos embobados ante el milagro de haberte presenciado. De sol de primavera, porque lo llenaste todo de flores y esperanzas.

Guardabas dentro más colores que Kandinsky, más poesía que todos los poemarios de todas las generaciones de poetas, la locura fresca y contagiosa de una niña risueña con el corazón a estrenar.

Ahora sé que no te irás. Lo sé porque te he visto en las flores de mi almendro, en las páginas de mis libros, en la risa de mi madre, en la mirada de los profesores que no serán como tú. Lo sé porque te he abrazado muchas noches en esos sueños de los que no quiero despertar. Porque tu recuerdo tiñe cada uno de mis atardeceres y, cuando el sol bosteza, vuelven a mí las tardes que pasábamos juntas. Porque no puede irse quien fue para mí amiga, madre, consejera, profesora, espejo donde mirarme y ejemplo a seguir. Lo sé porque sé que el valor que desprendían las seis letras de tu nombre siempre fue más fuerte que las seis letras de esa puta enfermedad. Y esa es una enseñanza que quedará siempre.

Solamente me queda decirte que lo siento. Lo siento por los abrazos que no te di, por las cosas que no te conté, por no pasar más tiempo contigo. Lo siento, de verdad. En esta vida de sinsentidos, lo urgente siempre suele ir por delante de lo importante. Y te juro que cambiaría todas las urgencias de mi pasado por un solo momento en tu presente, que mandaría a la mierda todas esas cosas urgentes y correría hacia ti, que siempre has sido uno de los pilares más importantes.

Y siento haber conjugado de nuevo en condicional. Siento sentirme una hipócrita al poner en palabras lo que nunca te dije, pero a veces el dolor se vuelve demasiado palpable y tengo que hundir las palabras en las profundidades de mí misma hasta que consigan sacarlo.
El mundo sin ti es como el planeta del Principito sin rosa, como Granada sin su Alhambra, como un cielo sin constelaciones o un escritor sin alma.

Pero, a pesar de todo, has dejado el mundo mucho mejor tras tu paso y nos has legado le lección más valiosa. Esa frase esperanzadora que quedó en tu estado de WhatsApp tras tu partida:

«¡¡¡Qué bello es vivir!!!»

Miss Poessía

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Queridos poetas:

Tengo que confesar que me daba mucho miedo publicar esto porque es algo muy personal, pero al mismo tiempo creo que esta persona que tanto significó para mí merece ser conocida por más gente. Espero que les haya gustado… ❤

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Escrito por

Canarias, 20 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

13 comentarios sobre “Qué bello es vivir

  1. Hola Miss Poesía 🙂
    No tenés que tener miedo de publicar cosas como éstas. Son hermosas, y realmente (por lo menos a mí) me transmitió lo que se que querías que transmitiera. Me emocionó mucho.
    Y lo importante también es no tener miedo de que esa persona sea olvidada. Porque si realmente dejó tal impresión en vos, como en otras personas, el recuerdo es mucho más. El recuerdo lo es todo 🙂
    Y expandir ese recuerdo, hacia otras personas, como estás haciendo vos ahora, es que esa persona siga entre nosotros.
    Perdón por lo largo 😛 Me emocioné! jajaja
    Un beso 🙂

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  2. Hola, Ani 🙂
    No sabes la alegría que es para mí recibir un comentario como este, lograr transmitir con las palabras es una tarea muy difícil y es un placer haberlo conseguido.
    Claro que sí, ella nunca será olvidada… Gracias, muchas gracias, de verdad. Tus palabras significan mucho para mí.
    Un besote ♡

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  3. Uy se me cortó jaja. Que no sé cómo lo haces, pero siempre consigues con tus comentarios que me emocione y me motive a seguir escribiendo. Gracias, mil gracias. Es todo un placer que te haya gustado.
    Un gran abrazo ♡

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  4. De verdad que las palabras son capaces de reflejar la inmensa grandeza de la persona de la que hablas. Tanto, que lo he adaptado a mi puede que futura situación con respecto a una persona inexplicablemente importante (de verdad que su importancia en mi vida tiene una magnitud impresionantemente amplia, que ni tan siquiera nosotros mismos entendemos), y obviamente no quiero que llegue nunca ese momento. Gracias por dejarte el alma y la piel en estos textos, créeme que tiene recompensa: llegar al lector como si de la propia vida se tratase. De verdad, muchas, muchas gracias.

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  5. Madre mía, qué bonitas palabras Mercurio, me has emocionado. Tranquila, entiendo el miedo que tienes que estar pasando porque a mí me sucedió lo mismo, pero pase lo que pase, lo importante es haber disfrutado del tiempo con esa persona y no quedarnos nunca con los “debería haber…”. El arrepentimiento es lo peor. Muchísimas gracias a ti por darme tantos ánimos con este comentario.
    Un fuerte abrazo ♡

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  6. Vaya… ¡Me has puesto los pelos de punta! Me ha gustado mucho, es triste y esperanzador al mismo tiempo… Tienes toda la razón, dejamos siempre lo que creemos que estará ahí apartado para darle prioridad a lo que parece urgente y al final lo importante se ha ido y no queda nada más que chorradas que creemos urgentes…
    Precioso. ¡Un abrazo!

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  7. Dando una vuelta por tu blog me he topado con este texto… Sencillamente PRECIOSO!
    Nunca dejes de escribir, tus poemas y tus escritos son magia pura y llegan a los que los leemos como brisa fresca.

    PD: Ah y nunca tengas miedo de publicar cosas tan personales si son tan tremendamente sentidas y bonitas.

    Nos leemos por estos mundos 🙂

    ¡Un abrazo enorme!

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  8. Muchísimas gracias por tus palabras, Laura, de verdad. Lo cierto es que esta entrada es muy especial para mí y me dolió escribirla, pero creo que escribir es la mejor manera de que deje de doler todo. Recuerdo que mientras escribía lloraba porque esa persona significó y significa muchísimo en mi vida, pero ahora que ha pasado un poco más de tiempo soy feliz por haberla conocido. Personas como ella son pura magia y transmiten siempre ganas de vivir. Y eso no tiene precio.
    Me alegro muchísimo de que te haya gustado y de que hayas captado el sentimiento que hay en mis palabras, es un placer y un honor haberte llegado al lado izquierdo del pecho 😉
    Claro, nos leemos.
    ¡Un abrazo gigante! ♥

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