Ama a las personas, usa las cosas

Inspirado en el documental Minimalismo: las cosas importantes.

Existe la idea generalizada de que, si seguimos ese esquema establecido por la sociedad, esa plantilla infalible que ha sido aceptada socialmente, seremos felices. Hay un camino que otros ya han andado y nos dicen que debemos pisar sus mismas huellas, que no podemos desviarnos. Y, en ese camino, no podemos improvisar ningún paso. Ese itinerario te dice que vayas a la escuela, luego al instituto, luego a la universidad. Que consigas títulos que decoren tu currículo, que consigas un trabajo decente de ocho horas, que trabajes para poder pagarte una casa, que te cases, que tengas hijos y les des una buena educación, que sigas trabajando para poder pagar esa casa y esa educación de tus hijos, que trabajes aún más para poder pagar un coche familiar en el que llevar a tus hijos… ¿En qué momento esquematizamos nuestra vida hasta ese punto? ¿Cuándo convertimos nuestro futuro en una ecuación fija en la que no tenemos en cuenta la diversidad de las variables? Lo que no nos han contado es que, incluso cuando ya hemos conseguido tener todo lo que se supone que debemos tener, seguimos sin ser felices.

Y es que es una idea totalmente absurda. Imagínate con un buen título universitario, un trabajo que te permita pagar tus gastos, una familia, un coche,  una casa, una buena posición social. Una vez conseguido todo eso, ¿de veras crees que la felicidad llegaría súbitamente? Yo creo que no. Porque no estamos teniendo en cuenta que hay personas a las que ese esquema no les hace felices, hay quienes prefieren perderse entre la maleza e inventar un nuevo camino que aún no haya sido recorrido por nadie. ¿Y si no quiero tener hijos? ¿Y si prefiero vivir en un piso que hipotecar mi futuro para vivir en una casa? ¿Y si la idea de casarme me da alergia porque nunca he creído en los para siempre?

Admitir esa plantilla preestablecida solo produce insatisfacción. Hace que cuando estemos en el colegio queramos hacernos mayores para ir al instituto, que en el instituto ansiemos crecer y llegar a la universidad, que cuando estemos en el mejor momento de la juventud nos amarguemos pensando en conseguir un trabajo, que mientras trabajamos pensemos en todas las horas de trabajo que quedan para poder pagar esa casa, ese coche, esa televisión… Y así, fastidiamos nuestro presente con un futuro que ni siquiera existe. Porque la única certeza que tenemos es el ahora, el ayer y el mañana son fantasmas que nos persiguen pero que jamás podremos controlar. Así que, ¿por qué vivir para pagar lo que queremos tener y olvidarnos de vivir valorando lo que tenemos? ¿Por qué en lugar de seguir un esquema fijo no empezamos a vivir una vida que se salte los esquemas?

La publicidad es decisiva, nos hace ser consumistas. Vemos ese perfume en la televisión que anuncia una modelo francesa y queremos comprarlo para acercarnos a esa vida, a esa belleza de anuncio. Vemos un reloj carísimo y no podemos esperar a que adorne nuestra muñeca, sin darnos cuenta de que uno de menos de diez euros del Decathlon da la hora con la misma precisión. Leemos los eslóganes intensos de los anuncios de coches y pensamos que comprar ese coche nos va a dar el estilo de vida que deseamos.

¿De verdad necesitamos productos de la marca Apple para poder pensar diferente? ¿Si nos gusta conducir tenemos que hacernos con un BMW? ¿No podemos valerlo sin lavarnos el pelo con un champú de la marca L’Oréal? ¿En serio tiene que venir Heineken a decirnos que pensemos en verde? ¿Tiene que ser un turrón el que nos diga que volvamos a casa por Navidad? ¿No nos podemos tomar un respiro sin depender de un Kit Kat? ¿Nuestras alas nos las tiene que dar un Red Bull? ¿No podemos apreciar la chispa de la vida sin bebernos una Coca-Cola?

Toda esta publicidad nos engaña, nos hace pensar que si compramos un producto estamos comprando una actitud, un estilo de vida, una posición social. Y de esta manera gastamos un dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos. Compramos cosas, cosas y más cosas. Pero esas cosas no llenan nuestro vacío emocional, lo hacen más grande. Y así llenamos nuestras casas de trastos y pensamos que necesitamos más espacio. No hay más que ver los programas de Estados Unidos de compra de casas.  ¿De verdad te falta espacio en una casa de 300 metros cuadrados? Pues lamento decirte que no. No te falta espacio, te sobran cosas.

El documental protagonizado por Joshua Fields Millburn  y Ryan Nicodemus, que también tienen un blog llamado The Minimalists, me ha hecho recapacitar y pensar en el minimalismo. Y es que minimalismo no es coger una bolsa de basura y tirar todo lo que tengas. No se trata de no tener cosas, sino de tener solamente aquellas cosas que sean útiles y te hagan feliz. No se trata de tener mucho ni de tener poco, sino de tener lo suficiente. Y es que, al fin y al cabo, todo lo material que pierdes, lo ganas de emocional. Pierdes cosas, pero ganas tiempo de calidad contigo mismo y con los demás.

La idea del sueño americano, los anuncios, los perfiles publicitarios en Instagram, la moda barata… Todo esto nos ha hecho consumir sin pararnos a pensar en nuestras necesidades ni en nuestros propios valores. ¿En serio consideras que necesitas el nuevo iPhone que ha salido al mercado, si todos los modelos anteriores que tienes funcionan perfectamente? ¿Jamás te has parado a pensar que hay algo de inmoral en el hecho de comprar una camisa o un pantalón que te cueste menos que un café?

El materialismo y el consumismo han hecho que se derrumbe el mercado inmobiliario porque la gente compra con préstamos casas que no puede comprar. Nos han hecho creer que no vamos a la moda después de una semana para que nos compremos algo nuevo la semana que viene. Han hecho que muchos padres que pasan demasiadas horas trabajando llenen a sus hijos de juguetes, videoconsolas y juegos para compensar esa falta de tiempo, sin darse cuenta de que el mejor regalo que le podemos dar a alguien es nuestro tiempo y nuestro cariño.

Por todo esto, creo que debemos aprender a desprendernos de las cosas materiales para comenzar a agarrarnos bien fuerte a la felicidad. Me quedo con una frase del documental, la última: «Ama a la personas y usa las cosas, porque lo contrario nunca funciona».

Miss Poessía

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Canarias, 20 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

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