Se me han ido las musas

  1. Toma una ducha o un baño relajante (mejor una ducha, no me seas despilfarrador)

Darse un buen baño o una ducha es un momento de intimidad, de estar con uno mismo, de poder desconectar por un momento para volver a conectarse al presente con más intensidad.  A veces, yo misma he experimentado eso de ver a mis musas aparecer entre el vaho del baño cuando estaba escuchando mi música preferida. Así que ten siempre algo para apuntar a mano, nunca sabes cuándo va a venir la inspiración. Tal vez Picasso se equivocaba y la inspiración prefiere pillarte en bolas mientras desafinas en la ducha que trabajando…

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  1. Sal a correr, salta, nada, tírate por un barranco, baila… ¡Muévete!

Tampoco te tomes al pie de la letra lo del barranco eh…  A veces, cuando voy a correr o a nadar, ese momento de liberación  de estrés y de silencio conmigo misma me hace pensar en nuevas ideas, me hace replantearme lo que estoy haciendo, si quiero que mis pasos sigan este camino o que empiecen a buscar nuevos horizontes, qué es lo que realmente mueve a esta alma indecisa de dudas infinitas. A veces cuando estoy ahí, toda apestosa y llena de sudor, a las musas también les gusta aparecer y descubrirme en tal lamentable estado. No sé, así de caprichosas son ellas…

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  1. Bebe una copa (o las que quieras, que hay que darle alegría al cuerpo, mientras no te pilles un coma etílico…) de vino o de tu bebida favorita

Siempre ha habido escritores que toman alcohol o drogas para hacer fluir las ideas, para que el nudo de su inspiración por fin se desate y la pluma seca de la iluminación empiece a desbordar ríos de tinta. De hecho, hay escritores que han declarado que nunca escriben sobrios. «Escribe borracho, corrige sobrio» , decía Hemingway. Pero ojo, que no estoy diciendo que seas un porreta o un alcohólico, solamente estoy diciendo que de vez en cuando una copa despeja bastante el entendimiento. Así que prepárate un Martini, un gin-tonic, un mojito, un vodaka, un whisky, una copa de buen vino, una cervecita (una de esas opciones, no vayas a mezclar todas juntas, alma de cántaro)… Y luego pilla boli y lápiz y vete a bucear bien adentro entre las profundidades de tu alma mientras cuentas lo que encuentras, seguramente cuando salgas de nuevo a la superficie hayas hallado algún tesoro en forma de palabras.

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  1. Escucha música (reggaetón no please)

A veces, escuchamos una canción y nos parece que la letra se ha inspirado en nuestra propia situación vital, que cada acorde doloroso que traspasa el alma habla de uno mismo. Por eso estar un rato simplemente escuchando música puede hacer que nazcan nuevas flores en el jardín marchito de nuestra mente. De hecho, mientras escribo esto yo misma estoy escuchando a Sharif y no creo que no haya mejor ritmo ni base para provocar el movimiento de mis dedos por el blanco imponente por el que se deslizan.

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  1. Lee mucho

Casi todos los que escribimos también leemos, creo que es inseparable, como un círculo. Leer siempre puede inspirarnos, generar nuevas formas de pensamiento, conseguir que cambiemos el cristal sucio a través del que estábamos mirando la vida por unas nuevas lentes, empujarnos a otro lugar para que comencemos a observar lo que sentimos desde un ángulo completamente distinto. ¿O acaso nunca te has topado en un libro con un personaje que comparte tu mismo carácter, tus mismos valores? ¿Jamás has leído unos párrafos y has sentido que hablan de ti? ¿No has hecho nunca danzar a tus ojos entre las palabras de un libro y has deseado que el baile nunca pare? Si esto te suena, estoy segura de que ya sabes bastante sobre leerte y descifrarte a través de otras palabras que no has escrito tú.

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  1. Sal a pasear

Dejar libertad a nuestros pies por una ciudad, una playa, un campo o un pueblo siempre puede hacer que las musas se animen a pasear con nosotros. Y es que el simple hecho de sentarse en un banco entre la multitud frenética de cualquier ciudad y observar puede inspirarnos. Puedes examinar los rasgos y gestos de una persona y escribir la descripción que mejor encaje con ella, imaginar cómo será su vida y buscar versos que rimen con sus actos, contemplar la poesía que se esconde en los besos de cada pareja (tampoco me seas acosador) y anotar unos cuantos versos que hagan justicia al roce de esos labios.

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  1. Siéntate en una cafetería y observa a la gente que pasa, empápate de sus conversaciones, busca los versos que mejor rimen con sus personalidades…

Como ya he escrito antes, no hay mejor lugar que algún rincón de la ciudad  por el que pase mucha gente para encontrar a las musas tomándose un café.

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  1. Escribe algo, aunque dé asco

De nada sirve tener ideas e inspiración si no la utilizamos, si no escribimos. A nadar se aprende nadando, a correr corriendo y a escribir escribiendo. Es así de sencillo. Coge un folio en blanco o abre un Word y empieza a escribir algo, aunque apeste o pienses que estés escribiendo tonterías de premio. Da igual. Si al final escribes al menos una frase buena, habrá merecido la pena.

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Miss Poessía

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Escrito por

Canarias, 20 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

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