Hablemos de ruina y espina

De pequeños nos dicen que no confiemos en los desconocidos, que son peligrosos, que nos pueden hacer daño. Nos ponen en alerta, nos enseñan a mantener la guardia bien alta. Pero nadie nos habla sobre la confianza hacia aquellos que mejor conocemos. No incluyen en su discurso que a veces hay más peligro en los actos de aquellos más cercanos a nosotros, que alguien de tu propia sangre te puede hacer más daño que el primer desconocido que nos crucemos  por la calle. Y en ocasiones, al olvidar las alertas y bajar la guardia, llega el dolor. Porque la realidad es que hay desconocidos que son capaces de llegar a nuestras vidas y convertirse en familia, personas que derramarían el salitre de sus propias lágrimas para que la sal cicatrice nuestras heridas. Y también hay familiares que llegan y te hunden el puñal en la piel cuando esas mismas heridas estaban a punto de cerrarse.

Hablemos, como diría Vetusta Morla, de ruina y espina. De polvo y herida. He conocido la ruina cuando vi derrumbarse delante de mis narices los castillos que pensé que eran más sólidos. De espinas y de cómo se clavan bajo la piel cuando intentas llegar a la flor también sé un rato. Y cómo no aprender en veinte años que a veces el polvo y la herida son los mejores maestros, aunque sean los que más duramente golpeen. Pero aunque las heridas enseñen, mi alma ya es como esa niña pequeña de rodillas magulladas que de tanto caerse empieza a avanzar por la vida con más cuidado. No vaya a ser que haya una piedra a la vuelta de la esquina. Y ahí empieza el camino hacia la desconfianza.

Me cuesta mucho confiar en las personas porque, cuando lo he hecho, no ha salido bien. Un día pensé que sería buena idea lanzarme al vacío sin red y saltar a piscinas vacías. La caída fue tan grande que ahora me pienso muy bien qué brazos elijo para que me vayan quitando el miedo a las alturas. Nadie pensaría que a veces son los brazos que llevas viendo desde que naces los mismos que te empujan al precipicio y le quitan el agua a tus piscinas para que te rompas unos cuantos huesos. Pero así es. Y luego miran desde arriba cómo caes, sin perdón ni arrepentimiento.

Ella no merece mis palabras ni mi tiempo, pero sé que seguramente me esté leyendo por esa manía suya de meterse siempre en mis asuntos (y en los que no son míos también). Solamente escribo porque siento que a veces el folio es mi mejor confidente, que al entrar la tinta en contacto con él voy dejando por el camino un poco de decepción tatuada en cada palabra. Así que si lees esto, no voy a insultarte ni ponerte en evidencia. Ya bastante lo has hecho tú sola. Solamente quiero decirte que tú has marcado un punto y aparte, ya no volveré a confiar en ti porque tú lo has provocado, el karma hará que recojas la misma mala energía que últimamente proyectas. Tú pusiste un punto y aparte y ahora soy yo la que pone el punto y final.

Miss Poessía

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Escrito por

Canarias, 20 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

2 comentarios sobre “Hablemos de ruina y espina

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