¿Qué historia queremos contar?

Decía Gandhi que la violencia es el miedo a los ideales de los demás. Pero es que, por mucho que temamos ciertos ideales o estemos en contra de ellos, nada justifica la violencia. Algo que se construye a través de la violencia no podrá mantenerse si no se sigue utilizando esa misma agresividad. Sin embargo, lo que se construye a través del diálogo y la palabra tiene muchas más probabilidades de perdurar en el tiempo. Mike Wazowski aseguraba que la risa es mucho más poderosa y energética que el llanto. Yo digo que las palabras son mucho más poderosas que los puños.

Y es que, si algo ha faltado este 1 de octubre, ha sido diálogo. El diálogo no puede faltar en la lista de invitados de un país que se haga llamar democrático, de hecho, debería ser el gran anfitrión. Esta semana al diálogo lo han echado a patadas por la puerta de atrás, de la manera más cobarde.

Es evidente que ninguna de las dos partes lo ha hecho bien. Ni el Gobierno, ni la Generalitat. Pero lo más grave es que, a día de hoy, tampoco hay ningún partido político que haya sabido estar a la altura de la situación. Y eso es una auténtica vergüenza. Es bochornoso que los dirigentes políticos no sepan representar a su ciudadanía. Estos sucesos han demostrado una cosa: España es mucho más que quienes la dirigen.

El Gobierno no solo no ha sabido hablar, tampoco ha sabido escuchar. Y lo peor de no saber escuchar es que a nadie le gusta sentirse ignorado, sin voz ni voto o con un voto sin voz. Si ignoras a alguien, acabará marchándose. Acabará buscando a alguien que preste atención a sus palabras.

Porque, al fin y al cabo, esto es como una amistad, una relación de pareja o un conflicto familiar. Si nunca escuchas los problemas ni las propuestas de tu amigo, tal vez lo pierdes para siempre. Si tu pareja quiere dejarte, la solución adulta sería hablarlo o asumirlo; pero pegándole no solucionas nada. Si tu hijo quiere irse de casa debes sentarte y hablar con él, tampoco le das de hostias para que se quede. Si no actúas bien, puede que tu pareja te abandone o que tu hijo se vaya de casa. Las cosas son así. Muchas veces, no dar motivos para quedarse es el mayor motivo para irse.

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Y es que en cierta medida lo entiendo, joder, lo entiendo. Porque yo también estoy harta. Harta de un presidente que nos hace dar una imagen vergonzosa. De que rescaten a un banco y al mismo tiempo dejen en la calle a una familia que no puede pagar su casa. De que manipulen lo que vemos en la televisión y se atrevan a llamarlo democracia. De que una persona que robe para dar de comer a su familia pase más tiempo en la cárcel que un corrupto que roba millones. De que el país al que pertenezco no dé refugio a los refugiados. Estoy harta de tantas cosas… Sin embargo, creo que la independencia tendría consecuencias negativas para ambas partes.

A pesar de todo, estemos o no de acuerdo con la independencia, hay un derecho fundamental: la libertad de expresión. El derecho al voto.

Y ahora es cuando me dirán que ese derecho es ilegal. Es cierto, pero, ¿qué hubiera sido de la humanidad si hubiésemos respetado siempre la legalidad? Si hubiésemos respetado las leyes a lo largo de la historia, seguiríamos viviendo una dictadura como la de Franco. Si los tiempos cambian, ¿por qué las leyes no lo hacen?

¿Qué hubiera pasado si las primeras sufragistas que defendieron el derecho al voto femenino hubieran vuelto por donde vinieron cuando se lo negaron? Si Abraham Lincoln no hubiera modificado las leyes que existían en 1862, aún existiría la esclavitud. Si todos los trabajadores que se movilizaron en Chicago para conseguir una jornada laboral de ocho horas, arriesgándose a ser encarcelados y perseguidos, se hubieran quedado en su casa, ¿tendríamos condiciones de trabajo dignas en la actualidad? Si hubiéramos aplaudido sin más las leyes que tanto tiempo han establecido cómo y a quién debemos amar, ¿acaso sería hoy legal el matrimonio homosexual en 24 países? La Revolución Francesa no era legal, joder. Pero, ¿la historia hubiera sido la misma si el pueblo de París no hubiera tomado la Bastilla en 1789, si no hubieran rodado cabezas monarcas?

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Y hablando de monarcas, ¿qué ha hecho el rey en todo esto? No será necesario que ruede ninguna cabeza, pero digamos que pensar y buscar soluciones no es el ejercicio favorito de la que nos representa monárquicamente. ¿En serio estamos pagando a alguien que tarda dos días en pronunciarse y que, cuando lo hace defiende la legalidad por encima de todo, sin mencionar en ningún momento el diálogo ni denunciar las medidas policiales llevadas a cabo? ¿Por qué tenemos que seguir pagando los españoles un cuento que desde hace mucho tiempo debería haber acabado? Colorín colorado, este chiste se ha acabado.

Pero no solo el rey es el chiste, también lo es el presidente. Chiste es que Soraya Sáenz de Santamaría haya declarado públicamente que el objeto de las actuaciones políticas nunca fue la población, sino el material electoral. Chiste es que nuestro querido Mariano todavía no haya dimitido. Pero es que a mí este chiste ya me parece una broma pesada.

Me río por no llorar. Me río por no emigrar…

 

Lo más triste es que hay gente, mucha más de la que me gustaría, a la que, al parecer, esta broma sí le hace gracia. Lo peor de todo es que seguramente, si mañana convocaran elecciones, seguirían gobernando los mismos. ¿Por qué Caperucita sigue votando al lobo?

Todo esto debe cambiar. Es inconcebible que quienes teóricamente deben defendernos hayan pegado a niños y a ancianos. Es cierto que también hubo algunas agresiones a policías, no lo niego, pero no es para nada proporcional. No podemos comparar una agresión hacia alguien que está entrenado, que lleva armas y cuyo trabajo implica enfrentarse a este tipo de situaciones con una agresión a un ciudadano completamente indefenso.

Es inconcebible que esto pase en un país democrático. Esto no ha pasado ni en Venezuela, ni en Corea del Norte, ni en Bielorrusia, ni en Siria, ni en China ni en Guinea Ecuatorial. No ha sido ni Maduro, ni Kim Jong-un, ni Aleksandr Lukashenko, ni Bashar al-Ásad, ni Xi Jinping, ni Obiang quien ha permitido estos hechos. Esto ha pasado en España y ha sido Rajoy quien lo ha permitido (entre otros).

España no merece este gobierno ni esta manipulación descarada de los medios de información. España está rota y octubre ha sido un corte profundo que ha reabierto muchas heridas.

Lo que está claro es que ahora mismo estamos viviendo la historia en directo, este momento saldrá en los libros de texto dentro de unos años, nuestros hijos y nietos lo estudiarán en el instituto. ¿Qué historia queremos contarles?

Miss Poessía

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Escrito por

Canarias, 20 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

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