Nos faltó la primavera

 Foto de la entrada: Pablo Hermoso (Unsplash)

Nos amamos en verano. Te conocí cuando el mes de junio estaba llegando a su punto final y, al descubrir las comillas que se abrieron a ambos lados de tu sonrisa, supe que serías ese punto y aparte en la historia llena de tachones de mi pasado amoroso. Quisimos aferrarnos a la valentía de mirar al folio en blanco e irlo tatuando poco a poco de versos (y besos). Y vaya si lo hicimos. Convertimos el verano en una oda a la felicidad, en una antología de momentos sempiternos. Fuimos poesía.

Luego llegó el otoño y conseguimos mantener vivo el fuego a pesar del viento y de las lluvias por dentro cada vez que nos decíamos adiós en la terminal, supimos hacer que las ganas y el amor ganaran el pulso a la distancia y al dolor.

Pero vino el invierno y esa distancia nos separó más que nunca (y no hablo solo de los más de cuatro mil kilómetros que había entre nosotros). Impactó como ese disparo sobre un cuerpo moribundo que aún tiene esperanzas de seguir viviendo. Marzo fue la bala que asesinó las esperanzas, la gota que desbordó el vaso de dudas que había ido llenando poco a poco a lo largo de todos estos meses.

Nos faltó la primavera. La estación del amor, esa que dicen que altera la sangre. Aunque cueste acostumbrarse al daño, he comprendido que sí es la estación del amor: del amor propio. Voy a amarme tanto que mis entrañas se llenarán de flores y las mariposas vendrán a revolotear, esta vez seré yo la causante de mis mariposas en el estómago. Voy a darme una segunda oportunidad. Porque he aprendido que no merece la pena alterar mi sangre por un amor que ya no corre de la misma manera por dentro de mis venas.

Pudimos amarnos durante las cuatro estaciones, pero me di cuenta de que era el momento de convertirme en estación de paso en tu vida, que lo más sano era que abandonaras ya la terminal para que lleguen nuevos trenes.

Mentiría si te digo que no me enamoré de nuestro viaje. Me encantó darte la mano y ser turistas de la felicidad, volar hacia la alegría sin billete de vuelta. Pero todo viaje llega a su fin y a veces la manera más valiente de amar a alguien es dejarlo ir y ser feliz de su vuelo desde lo lejos.

No es que no me duela decirte adiós. No podemos elegir que la vida nos duela, pero sí podemos elegir quién nos provoca ese dolor. Y esta vez no seré yo quien me haga daño.

 

No es que no te quiera, es que me quiero más a mí.


Miss Poessía

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Escrito por

Julia. Canarias, 21 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

2 comentarios sobre “Nos faltó la primavera

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