Black Mirror

Foto de la entrada: Levi Ezilaga (Unsplash)

¿Imaginas un mundo en el que pudieras convertir a alguien que ha muerto en un robot que tenga su misma apariencia y que actúe y se comporte de manera muy parecida? ¿En el que tuvieses un implante digital que archive y grabe todo lo que haces para que puedas rebobinar tus recuerdos cuando te apetezca? ¿En el que la policía pudiese acceder a ciertas partes de tus recuerdos para utilizarlos como pruebas en la justicia? ¿En el que los padres sobreprotectores pudiesen controlar a sus hijos mediante un programa en el que son capaces de ver en todo momento lo que hacen?

Este es el mundo que presenta Black Mirror, una serie de televisión británica creada por Charlie Brooker. Brooker muestra una distopía con los efectos que podrían tener las nuevas tecnologías si no las utilizamos de manera adecuada. Sin embargo, aunque ese mundo paralelo sea algo imaginario, es asombroso lo fácil que resulta identificar en todos los capítulos conductas actuales presentes en la sociedad.

En uno de los capítulos, «El momento Waldo», vemos cómo la población elige como presidente a un oso de dibujos animados: la gente le vota y lo adora, pero ni siquiera sabe quién es la persona real que le da vida al dibujo, quién lo controla. Podríamos pensar que es absurdo, que algo así jamás ocurrirá. Pero luego nos damos cuenta de que el presidente de los Estados Unidos, uno de los países con más influencia y poder del mundo, es Donald Trump. Y yo, la verdad, no sé si preferiría que lo dirigiese un dibujo animado…

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En otro, titulado «Caída en picado», se nos introduce un mundo en el que las personas son evaluadas en una escala de cinco puntos según la gente con la que se relacionan, las fotos que suben a sus redes, las cosas que dicen, los modales que tienen… La protagonista del capítulo se ve obligada a llevar una vida que detesta solo para que su puntuación no baje: debe ser amable y sonreír a las personas a las que en su mente lo mejor que les desearía es que se caigan de un risco, subir fotos con sonrisa de anuncio, ir siempre bien vestida, relacionarse con personas que tengan buenas puntuaciones, no decir palabrotas… Suena estúpido, hasta que descubrimos que en China hay una tecnología emergente que quiere establecer un sistema de puntuación en el que se evalúe a cada ciudadano según sus hábitos en la sociedad. También podríamos fijarnos en algo que nos queda mucho más a mano, como la falsedad que reflejamos a diario en redes como Instagram, donde plasmamos una vida que no se ajusta en absoluto a nuestra realidad. Posturea para que el mundo lo vea. Qué más da toda la oscuridad que lleves a cuestas por dentro, si eso con unos ajustes de luz y dos o tres filtros se arregla.

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Otro ejemplo de una realidad que no nos queda nada lejos es la que expone el capítulo «Arkangel»: una madre sobreprotectora implanta un dispositivo a su hija mediante el que puede ver su ubicación y lo que está haciendo en cada momento como si lo viera desde sus propios ojos. Además, el dispositivo tiene un filtro con el que se puede pixelar todo lo que suponga algún riesgo para su hija. La pobre niña ni siquiera puede ver al perro que le ladra cada mañana cuando sale de su casa porque el dispositivo lo considera un peligro, pero tampoco puede ver sangre o personas que estén peleando, ni escuchar a sus compañeros de clase cuando hablan sobre temas sexuales o violentos. Si comparamos esto con la realidad, nos daremos cuenta de que no hay muchas diferencias.

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Afortunadamente no existen este tipo de filtros, pero seguro que muchos padres no dudarían en utilizarlos en caso de que así fuera. Vivimos en una época en la que los padres no quieren que sus hijos se manchen, en la que los acompañan hasta la misma puerta de la clase, en la que les hacen todo – hasta las tareas –, en la que los dejan jugando a videojuegos en una habitación todo el día porque así no molestan… De este modo, hemos creado niños que han perdido el contacto con la naturaleza y con lo auténtico, que no tienen ninguna independencia ni capacidad de pensar por sí mismos, que cada vez leen menos. Yo de pequeña corría por los barrancos y llegaba a casa oliendo a caca de animales porque me tiraba por el suelo, pasaba tardes enteras leyendo, estaba siempre manchada y despeinada, mi madre me dejaba ir con mi amigo a correr y a trepar por los árboles, me hacía ver que nada en esta vida va a llegar si no era yo quien lo perseguía. Como diría Mafalda, «hay que dejar que la vida te despeine». Así que gracias, mamá, por dejarme ir siempre por la vida con pelos de loca. Ahora sé que el mejor legado que pueden dejar unos padres a sus hijos es un puñado de libertad y la suerte de ir por la vida con los bolsillos rebosantes de experiencias.

Finalmente, por nombrar solo otros ejemplos de historias que son muy cercanas a la actualidad, podemos mencionar capítulos como «Cállate y baila», en el que un hacker accede a los ordenadores de varias personas y consigue que esas personas estén dispuestas a hacer cualquier cosa para que la verdad de lo que han hecho no salga a la luz. O uno en el que se ve cómo podemos bloquear a alguien mientras habla cuando no queremos seguir escuchándolo. O «Toda tu historia», en el que la gente tiene implantes mediante los que se graba todo lo que ven, como si los ojos fueran una cámara de vídeo y, de ese modo, pueden rebobinar su vida y volver a los momentos en los que fueron felices o a experiencias concretas que quieren rememorar. Nosotros no podemos aún rebobinar nuestros recuerdos, pero, ¿cuántas veces estamos en un grupo de amigos y alguien se pone a ver las fotos que acaba de hacer, o a mirar vídeos del concierto al que fue el mes pasado? Deberíamos entender que la mejor red social es un lugar en el que estemos rodeados de aquellos a quienes amamos, que el único momento que realmente existe y sobre el que tenemos poder de acción es el presente.

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Por todo ello, Black Mirror es una serie que permite reflexionar sobre los efectos de la tecnología en la sociedad. Muchos consideran que los capítulos son deprimentes, pero el rumbo que está tomando el uso de las redes y de los avances tecnológicos no es que sea muy optimista… Evidentemente, la tecnología también aporta muchas ventajas si se hace un uso adecuado de ellas, pero precisamente lo interesante de la serie es fijarse en las consecuencias desastrosas que podrían tener.

Estamos viviendo un momento en el que la tecnología es una droga y vivimos adictos a la adrenalina que provoca, pero no nos damos cuenta de que estamos haciendo un consumo abusivo de ellas, intoxicándonos con sobredosis de falsedad. Luego, que no nos sorprenda si nuestra felicidad aparece un día muerta por coma etílico.


Miss Poessía

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Escrito por

Julia. Canarias, 21 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

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