Chico catastrófico

Qué fácil te resulta ir por ahí desordenando sentimientos, poniendo vidas patas arriba. Creo que casi todas las catástrofes naturales tienen nombre de mujer porque quienes les ponen nombre aún no te han conocido. Joder, menudo torbellino has generado en el orden y la paz interior que tanto me costó crear.

Llegaste como una alerta temprana, diciéndome que llegarías a esta ciudad el sábado y que me invitabas a una copa. Luego vinieron tus ojos con amenaza de incendio en medio del bar y me di cuenta de que ibas en serio, que tus pupilas eran pirómanas ansiando prenderle fuego a todo y tenías en llamas las yemas de los dedos. Me di cuenta del peligro real demasiado tarde, cuando tu voz se convirtió en epicentro e hizo surgir tus palabras temblorosas: ¿quieres salir conmigo?

Salgamos, respondí. Y nos escapamos de aquella sala que empezaba a tener demasiados grados en la escala de Richter.

A eso siguió la tempestad que generamos en los catorce metros cuadrados de mi residencia. Y como dice el dicho, después de la tempestad viene la calma. Así que esa mañana regresaste a París sin ser consciente del desastre. Fuiste terremoto derrumbando mi equilibrio mental, incendio abrasando mi piel y tsunami llenando mi habitación de olas. ¿Cómo puede alguien causar tantos estragos a una vida en una sola noche?

fuego (1)

Ahora dices que tienes miedo, que te estás enamorando de mí y tú nunca te enamoras. Que quieres que vaya contigo a París, que no es la ciudad del amor sin mí. De qué vas, eh, dímelo. ¿Cómo puede un maremoto reducirlo todo a ruinas y luego decir que le asustan las olas?

Debiste advertirme que eras un desastre natural, así me hubiera preparado. No me diste tiempo para alertar a mis entrañas de que había que ponerse a cubierto. No pude crear un mapa de riesgo para valorar las consecuencias de tus vientos huracanados soplando sobre mi vida, ni ponerle a tu piel un sismógrafo que me avisara de tus fuertes movimientos sísmicos.

Hoy me has dicho que vas a volver dentro de una semana y yo no sé si pedir socorro o quedarme a arder contigo. Tal vez yo también tengo miedo. Me asusta el poder de seducción masiva que tienes cuando bailas, el cambio climático que estás produciendo en mi alma y mi tendencia a enamorarme de los oleajes.

Sí, me da miedo que un día estés tan seguro de ti mismo y otro tan asustado. Porque eres como una catástrofe natural, no te vi venir. Así que, ya que has llegado, por lo menos asegúrate de no causar muchos destrozos si te vas.

Porque no acabo de estar segura de si ese fuego del que hablas te nace en el lado izquierdo del pecho o entre las piernas. Por eso, solo te pido que no seas otro de esos chicos pirómanos que son adictos al sabor de la ceniza que procede a los incendios. No confundas el calor con las llamas, porque amar a fuego lento nunca ha sido sinónimo de quemarse.

Y si a pesar de todo quieres quemarte, no cuentes conmigo para hacer de mi cuerpo un campo de cenizas. Lo siento, pero hace mucho tiempo que he aprendido a ser como uno de esos pinos canarios que son capaces de regenerarse tras las llamas.


Miss Poessía

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Escrito por

Julia. Canarias, 21 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

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