Irse de Erasmus: por treinta razones

  1. Vivir durante una temporada en un país diferente te ofrece una nueva perspectiva del tuyo

Cuando pasas unos meses fuera de tu país y conoces otra cultura, eres capaz de ver claramente las diferencias. Descubres nuevas expresiones que no existen donde tú vives, te das cuenta de no todo el mundo tiene el carácter caluroso de los españoles. En mi caso, al venir a Francia me he dado cuenta de que aquí ofrecen muchas más ayudas a los estudiantes: mientras que en España los ministros de educación crean leyes absurdas y el gobierno recorta la inversión en becas e investigación, aquí los estudiantes reciben muchas ayudas para comer, alojarse, usar los transportes… Pero también hay cosas que no son tan idílicas: eso de que los franceses tienen un carácter comme si comme ça es cierto, muchas veces son bastante distantes y fríos si los comparamos con los españoles.

 

  1. Te conviertes en una persona totalmente autónoma e independiente

Cuando empiezas a vivir como estudiante Erasmus, aprendes que si quieres sobrevivir tienes que convertirte en una persona «de provecho», como dirían nuestros abuelos. No todo va a ser fiesta y diversión: tienes que entrar en el rutinario mundo de los adultos y lavar la ropa, fregar los platos, hacer la compra, limpiar tu habitación, pagar facturas, cocinar, organizar el dinero para no arruinarte… Bienvenido al maravilloso mundo adulto.

 

  1. No puedes abrirte a una nueva cultura si tienes una mente cerrada por los prejuicios

Una de las cosas que he observado es que hay personas que llegan al Erasmus con la mente rebosando ideas caducas, prejuicios y tópicos. Pretenden que los demás se adapten a su manera de pensar, en lugar de ser ellos los que se adaptan al país. Conocer personas de distintos lugares y vivir dentro de una cultura nueva para ti es una de las mejores cosas que te pueden pasar. A mí me encanta empaparme de nuevas culturas, conocer nuevas tradiciones y ver cómo se hacen las cosas en otras coordenadas. No hay nada más hermoso que conocer a alguien que te sacuda y te tire al suelo para que lo veas todo desde otro punto de vista, que haga arder tus prejuicios hasta reducirlos a cenizas y que llueva sobre tu mente hasta borrar toda la tinta con la que habías escrito tus tópicos.

 

  1. Eres tú misma, sin filtros

En el Erasmus nadie te conoce, es como si apretaras el botón de reset de tu vida y pusieras la cuenta a cero. La gente de la que te rodeas no conoce tu pasado, tu lista de fracasos, tus meteduras de pata o tus miedos. Por eso te sientes libre para ser tú misma, no tienes que fingir, estás en un ambiente en el que fluyes y eres tú misma, con tu alma a cara lavada, te pones delante del mundo y dices: hey, mira, esta soy yo sin filtros y si no te gusta puedes ir apartándote de mi camino.

 

  1. Mejoras muy rápido tu nivel de idiomas sin necesidad de estudiar

Vivir en un país en el que no se habla tu lengua materna te obliga a practicar el idioma del país (en mi caso, el francés) en cualquier situación: cuando preguntas una dirección, cuando te relacionas con los estudiantes de tu universidad, cuando haces la compra, cuando preguntas una duda al profesor… De esta manera, mejoras a pasos agigantados y muy pronto ya hablas de manera natural, sin esfuerzo. Esta habilidad aumenta cuando llevas unas copas encima y te sientes the fucking boss of the universe bromeando con tus amigos. Estudiar con libros de texto y ejercicios no está mal, pero la mejor manera de aprender un idioma es vivir una temporada en el país en el que se habla.

 

  1. Te rodeas de amigos que se convierten en tu familia

Los amigos que se hacen en el Erasmus son otro rollo, te hacen sentir que la distancia con tu país no importa porque ellos son tu segunda familia aquí. Y no hay mejor sentimiento que convertir a las personas en hogar.

 

  1. Te das cuenta de que el hogar no es un lugar físico, sino el sitio en el que has dejado el corazón

Llega un momento, tras la fase inicial de desorientación en la que tienes que aprenderlo todo sobre la ciudad en la que vives y el comportamiento de sus habitantes, en el que ya has hecho tu grupo de amigos y conoces las calles al dedillo. Entonces empiezas a disfrutar de las salidas en grupo, de poder pasear sin mapa, de comprar en los mercados a los que van los franceses, de recorrer los parques… Esa ciudad se convierte en tu casa y te enamoras de ella tanto como del lugar en el que naciste (bueno, tal vez un poco menos en mi caso, porque mi corazoncito siempre estará en Tenerife). Es lo que tiene haber nacido en el paraíso…

 

  1. Aprendes a pensar de manera diferente y te sientes un ciudadano más del país

Como dije en el punto anterior, llega un momento en el que la ciudad pasa a ser tu hogar. Es entonces cuando, de tanto relacionarte con sus habitantes, entiendes su manera de pensar y empiezas a actuar a veces como ellos, te adaptas a sus horarios y costumbres… En definitiva, te sientes como uno más del país.

 

  1. Tienes amigos de cada continente y aprendes de ellos

Desde que llegué a Grenoble he conocido a gente de diferentes países: Chile, Japón, Sudán, Marruecos, Argelia, Togo, Congo, Colombia, México, Pakistán… Me siento inmensamente afortunada cuando estoy con ellos porque, cuando me sumerjo en el fuego de sus ojos al hablar de su país, me transportan a sus coordenadas de origen, aunque nunca haya puesto un pie ahí. Por eso, no entiendo a las personas que se quedan siempre con su grupito de amigos españoles y se cierran en banda a relacionarse con los demás. Lo bonito del Erasmus es, precisamente, el capital de experiencias y de charlas enriquecedoras que te da la gente de otros países. Para estar con españoles, me hubiera quedado en España.

 

(155)

 

  1. Viajas un montón

Lo bueno de estar en Europa es que es fácil desplazarse de un país a otro y, además, suele haber opciones baratas para los estudiantes. Por eso, si vas de Erasmus te recomiendo viajar todo lo que puedas. A mí siempre me ha encantado descubrir nuevos lugares porque me ayuda a conocerme mejor a mí misma. Además, para alguien como yo – que viene de Canarias – es mucho más fácil viajar estando en Francia que hacerlo desde las islas.

 

  1. La distancia te hace comprender con quién puedes contar y a quién es mejor cerrar las puertas de tu vida

Cuando te vas y pones kilómetros de por medio, te das cuenta de con quién puedes contar y con quién no. Hay personas que te hacen sentir que la distancia es solo un número, porque, aunque estén lejos, los sigues sintiendo cerca y sabes que están ahí para lo que sea. Sin embargo, hay personas a las que pasas a ver de otra manera y descubres que lo único que las unía a tu vida era el hilo del interés. Gracias, Erasmus, por ayudarme a cortar los hilos con las personas que no me aportan nada y hacer limpieza despejando a la gente tóxica de mi presente.

 

  1. Valoras aspectos de tu vida a los que antes no dabas tanta importancia

Cuando algo está siempre en tu rutina, no lo valoras tanto. Pero eso de que «nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes» es verdad. Hay cosas que, cuando te faltan, las echas de menos: el mar y el agradable sonido de las olas, la arena, el clima de Canarias, la compañía de tu madre, las calles de tu ciudad, el almendro del jardín, el salto de tu perra para recibirte cuando llegas cansada de la universidad…

 

  1. Mejoras tu currículum

No es ningún secreto: el Erasmus aporta valor al currículum y abre nuevos horizontes laborales. Cada vez hay más empresas que, ante dos personas con la misma formación, prefieren elegir al candidato que ha hecho un Erasmus.

 

  1. Practicas nuevos deportes

Cada país tiene sus deportes y sus costumbres. A mí, por ejemplo, me pareció fascinante la experiencia de esquiar en los Alpes y comer nieve unas cuantas veces hasta que aprendí a deslizarme por la montaña con todo mi flow.

 

  1. Descubres que no tienes ni idea de cocinar

Las primeras semanas, comprendes con horror que eres un desastre culinario: la comida te queda demasiado sala o insípida o quemada, no sales de tus cuatro recetas de siempre, te cuesta variar e inventar nuevos platos… Pero no te preocupes: don’t worry, be happy. Keep calm. Dentro de poco, con la ayuda de padre Google y tu amigo YouTube, podrás ir ampliando tus conocimientos culinarios. Y si no, siempre puedes llamar a tu madre. Las madres tienen una sabiduría ancestral que te salvará de la catástrofe.

 

  1. Erasmus orgasmus

Pues eso, poco más que añadir. No sé cómo será en otros países, pero en Francia es bastante fácil ligar. Además, dicen que la mejor manera de aprender idiomas es en la cama, ¿no?;P

 

  1. Tienes que escuchar siempre los mismos tópicos cuando le dices a alguien que eres de España

Igual que nosotros tenemos tópicos sobre otros países, con España pasa lo mismo. Cada vez que le decía a alguien que soy española, asumía que bailo flamenco, que me gustan los toros, que duermo la siesta o que estoy siempre de fiesta o comiendo paella. Por no hablar de que daban por sentado que me gusta el fútbol y que soy del Real Madrid… No, mi niño, bailar se me da fatal porque mis pies tienen sordera, no duermo la siesta a no ser que esté reventada con la vida, como más gofio que paella y el fútbol es la última cosa en mi lista de intereses.

 

  1. Pasas por una etapa de festivalera-DJ-Mario Vaquerizo de despreocupación y desenfreno a la que sigue la correspondiente etapa estudiosa-cavernícola

Especialmente los primeros meses de Erasmus, te descontrolas. Pasas al lado oscuro de la vida, te pierdes y empiezas a vivir en un bucle diabólico de fiesta, pubs y discotecas. Luego llegan los exámenes, te maldices por haber salido tanto en vez de estudiar y pasas a la siguiente fase: vuelves al lado luminoso de la vida y te conviertes en una Cullen (tu piel se vuelve pálida de tanto estar en la biblioteca y no duermes). Porque sí, señores, los Erasmus estudiamos.

 

  1. Odias desde lo más profundo de tu ser el papeleo y la burocracia

No sé cómo funciona en otros países, pero en Francia son los reyes del papeleo. Les encanta la burocracia y complicarlo todo con documentos que no sabes ni para qué sirven. Los primeros meses yo era una chica a la ansiedad pegada, un estrés con patas. Había que entregar mil documentos y yo estaba que me tiraba de los pelos. Pero tranquilos, una vez que has pasado por esa etapa inicial de papeles cuando llegas al país, todo se vuelve mucho más fácil.

 

  1. Te conviertes en una experta de las fiestas y los viajes improvisados

Cualquier plan es bueno si estás entre amigos. ¿Que estás en tu residencia a la una de la madrugada y te avisan para salir? ¡Claro! ¿Que a tus amigos se les va la olla y te proponen ir de viaje al día siguiente? ¡Claro! Todos los planes son bienvenidos.

 

(156)

 

  1. Tienes que aprender a controlarte para no fundir en dos días la beca

Cuando recibes la beca tienes la tentación de irte de viaje cada dos por tres, comprar libros y ropa, irte de cañas con los colegas y tirar billetes con todo tu flow como en esos videoclips de raperos millonarios. Pero no, error. Ojito, porque la beca tiene que durarte para todo el Erasmus y, en un país en el que las cervezas cuestan de media cuatro o cinco euros, es bastante fácil arruinarse.

 

  1. Sientes que en diez meses has vivido mucho más que en años

Es así: en el Erasmus todo se vive más intensamente y a más velocidad y es inevitable recordar esa frase de Wilde: «A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante».

 

  1. Aprendes a vivir sin miedo y te conviertes en esa niña valiente que vive feliz con sus rodillas magulladas y la piel llena de tiritas

Lo bueno de sentirte tan libre y sin ataduras es que, de repente, te sientes como cuando eras una niña pequeña y nada te daba miedo. Y te atreves a experimentarlo todo.

 

  1. Las despedidas de tus amigos se convierten en momentos dramáticos

Pasas tanto tiempo con tus amigos que, cuando alguno de ellos se va, es un drama. Las despedidas son muy duras, pero sabes que ese amigo es como un hermano y vas a poder ir a visitarlo a su país.

 

  1. Piensas que cuando vuelvas a tu país no vas a poder soportar no estar haciendo cosas tan apasionantes todo el rato

Tienes la sensación de estar viviendo tantas cosas que te da miedo regresar y que tu vida se convierta en algo rutinario y sin emoción.

 

  1. Tu habitación de la residencia te parece perfecta y descubres que todo lo que necesitas cabe dentro de catorce metros cuadrados

Vivimos en un mundo consumista en el que pensamos que si vivimos en una mansión vamos a ser felices, cuando la realidad es que a veces, en una habitación de catorce metros cuadrados y en compañía de gente que te quiere, puedes ser inmensamente feliz. No se trata de dónde, sino de con quién.

 

  1. Pruebas comida de la que ni siquiera habías oído hablar

Gracias al Erasmus, puedes probar comida que ni siquiera conocías, ya sea porque la pruebas en ese país o porque tus amigos te cocinan platos de su tierra.

 

  1. Te asombra ver cómo cambia la personalidad de algunos cuando están de Erasmus

La realidad es que, cuando estamos lejos de la gente que nos conoce y nos sentimos libres, muchas veces nos comportamos de manera distinta a como lo hacíamos en nuestro país. Están los típicos estudiosos y responsables que de repente están todo el día de fiesta, los que nunca han fumado y de pronto viven pegados a un porro, los que decían que nunca serían infieles y se enrollan con media ciudad… Es bastante divertido ver como la gente cambia de Doctor Jekyll a Mister Hyde.

 

  1. Sabes que, cuando regreses, tendrás un inventario de recuerdos y un puñado de amigos que habrán hecho de tu experiencia una de las mejores de tu vida

Eres consciente de que, como esos cansinos que están siempre hablando de la mili, tu también tendrás un montón de anécdotas que contar cuando seas una viejecilla adorable y estés hablando apaciblemente con tus nietos en una mecedora al atardecer.

 

  1. Tu vida cambia

Una vez que pongas de nuevo los pies en tu tierra, sabrás que esa experiencia te ha cambiado y tú jamás volverás a ser la misma persona.


Miss Poessía

Copyrighted.com Registered & Protected  FXXT-KLIQ-2DE3-QZDO

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons

Anuncios

Escrito por

Julia. Canarias, 21 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

8 comentarios sobre “Irse de Erasmus: por treinta razones

  1. Hola poeta. Me ha gustado, pero me preocupa eso que dices de actuar/ser sin filtros. Es cierto que donde nadie te conoce uno cuida menos las apariencias, pero qué importan los fracasos o las meteduras de pata. Todos tenemos un buen fardo de ellos, pero sirven, sirven muchísimo. Sin ellos, no seríamos quienes somos con o sin filtros.

    Le gusta a 1 persona

  2. ¡Hola, Nuria!

    Muchas gracias por tu comentario. Me refería precisamente a eso, a que en un lugar en el que nadie te conoce te sientes más libre para ser tú misma. Por supuesto, yo también creo que nuestras meteduras de pata y nuestros errores del pasado nos ayudan a crecer y a ser mejores personas en el presente. Pero lo que quería decir es que, cuando alguien acaba de conocerte, comienzas de cero con esa persona: no te conoce, no tiene prejuicios ni opiniones formadas sobre ti y es más fácil abrirse con ella. Yo siempre intento ser yo misma sin filtros, sea con quien sea. No obstante, a veces hay personas que te conocieron en un momento de tu vida y aunque te vean después de muchos años, siguen pensando que eres esa misma persona que conocieron, cuando la realidad es que esa versión antigua de ti misma no tiene nada que ver con la actual.

    No sé si me explico, pero me refiero a que, al menos para mí, es más fácil relacionarme cuando la única versión de mí misma que conoce la otra persona es la que acaban de conocer. Porque, como dices, todas las anteriores versiones nos aportaron mucho, pero la persona que somos ahora es la evolución de todas ellas.

    Te agradezco de corazón las palabras y el apoyo que siempre me das…

    Un abrazo ♥

    Me gusta

  3. Y qué razón tienes. Yo por desgracia no pude irme de Erasmus, pero espero que pronto pueda hacer una estancia fuera.
    Me alegro de que tú si pudieses irte a Francia.
    ¡Es una experiencia increíble de la que se aprende una barbaridad!

    Me gusta

  4. ¡Hola, Paula! 🙂

    Es una pena que no hayas podido hacer el Erasmus. Pero como dices, lo importante es que puedas hacer una estancia fuera, aunque no sea Erasmus. Se aprenden muchísimas cosas…

    Mil gracias por estas palabras tan bonitas. Te deseo un feliz jueves. ¡Un abrazo! ❤

    Le gusta a 1 persona

Déjame leer tu valiosa opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s