Me quiero tanto que puedo dejarme ir

Recuerdo estar en clase una mañana, escuchando a mi profesora de Filosofía con los ojos rebosantes de interés porque era una de esas personas que llenan de luz cualquier lunes y cuya voz teñida de pasión invade dulcemente el aire. Todos estábamos atentos a lo que decía. Y, de súbito, nos contó algo que desde ese momento no he conseguido olvidar. Nos contó que conocía a una pareja en la que la chica había decidido romper con la relación. El alma del chico, según decía, se llenó de un profundo dolor porque estaba enamorado de ella hasta la última fibra de su ser. Le costó mucho aceptar aquella decisión, buscaba cada día motivos por los que ella quería alejarse en dirección contraria a su piel. Le asombraba mirar los brazos de quien había sido su refugio y sentirse ahora en el exilio.

Sin embargo, poco a poco fue entendiendo que ella se iba porque ya no encontraba más motivos para quedarse, que debía ir en busca de la felicidad porque ahora ambos no eran capaces de encontrarla en las mismas coordenadas. Entendió que le iba a costar ser feliz sin ella, pero que a ella ya le estaba costando ser feliz con él. Por eso, finalmente comprendió que, aunque jamás hubiese querido que se marchara de su vida, ella tenía que seguir adelante con la suya y seguir creciendo como persona. Cuando una persona crece tanto que el reducido perímetro que le ofrecemos empieza a resultarle asfixiante, nuestra obligación es dejarla ir para que pueda volar sin fronteras. Así que, según nos narraba nuestra profesora aquella mañana, eso fue lo que le dijo el chico a ella: «Te quiero tanto que puedo dejarte ir».

Desde el momento en el que escuché esa frase, me pareció absolutamente hermosa. Porque implica que somos capaces de dejar de lado el egoísmo y pensar más en la felicidad de la otra persona que en la nuestra. Pero creo que tendríamos que aplicar ese principio en todos los ámbitos de nuestra vida, no solamente en las relaciones de pareja.

Deberíamos, también, adaptar esa frase a nuestro propio ser y decirnos de vez en cuando: «Me quiero tanto que puedo dejarme ir». Y a lo que me refiero con esto es a que, al igual que a veces nuestra pareja decide dejarnos porque necesita seguir evolucionando, nosotros también habríamos de eliminar de nuestra vida a todas las versiones de nosotros mismos que no nos están permitiendo evolucionar. Porque, aunque suene muy Mr Wonderful, es cierto eso de que tenemos que intentar ser las mejores versiones de nosotros mismos.

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«BE THE BEST VERSION OF YOURSELF»

Quizá llevemos muchos años trabajando en algo que no nos motiva ni nos ayuda a crecer, que no nos hace saltar de la cama con ilusión al despertar. Puede que nuestra versión actual sea la de alguien que conserva en su vida a personas que se disfrazan de amigos, pero que en realidad están llenas de toxicidad y ensucian la palabra amistad. Tal vez nos hallemos en un momento en el que estamos llenos de pesimismo y no sabemos cómo enfocar nuestro futuro con una visión positiva. En esos casos, cuando miramos de frente a nuestro presente y nos damos cuenta de que no estamos en el lugar que deseamos en el pasado, deberíamos intentar cambiar.

No estoy diciendo que dejemos de golpe nuestro trabajo, pues soy consciente de que a veces es difícil ganarse la vida con nuestros sueños y, en el camino, tenemos que hacer cosas que nos gusten menos. Tampoco estoy diciendo que debemos dejar todo lo que nos hace daño de la noche a la mañana, pues soy consciente de que es un cambio que debe realizarse gradualmente.

De lo que hablo es de saber identificar las versiones de nosotros mismos que no nos gustan y que nos están anclando e impidiendo avanzar y dejarlas, eliminarlas, pulirnos a nosotros mismos cual diamantes. Es posible que tengamos dentro una versión de nosotros autoritaria, o envidiosa, o celosa, o agresiva, o egoísta, o demasiado orgullosa, o perezosa, o racista, o machista, o manipuladora. Por ello, hay que saber mirarse desde la sinceridad y aceptar lo que somos, aunque duela, para cambiarlo.

De eso es de lo que hablo cuando hablo de dejarnos ir. Dejar ir lo malo y abrir la puerta a mejores versiones de nosotros.

¡Vamos a echar pa’ fuera lo malo!


Miss Poessía

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Escrito por

Julia. Canarias, 21 febreros. Estudio Filología Francesa. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

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